Jueves, 23 de  Mayo de 2019 / 15:23:39

Rápido y furioso, la zaga

La reacción del Gobierno tras la elección de Catriel no se condice con un triunfo. Es que, en relación a 2015, perdieron más de 35 puntos. Todos se muestran furiosos, alterados y agresivos.
Rápido y Furioso acaba de estrenar el capítulo 8 de la zaga. Es, desde la primera, quizás la peor película de acción en virtud de la precariedad de su argumento y una trama casi infantil. Pero rendidora. Es una de la más taquillera de la historia del cine, por la espectacularidad de sus acciones. Tanto que lleva ocho. Tuvo como gran componente,  la inesperada muerte del carilindo Paul Walker que Vin Diesel supo explotar como nadie al punto que no para de facturar y facturar. El prestigio no importa, sí los dólares que quedan en caja.
El gobierno de Don Alberto puede ser considerado parte del próximo capítulo de Rápido y Furioso. En este escenario se sentirá como en casa, es más, parte de la continuidad de la zaga se podría filmar en suelo rionegrino. Ni siquiera haría faltar montar un escenario en Laprida y Belgrano.
Violento en el “triunfo”
La elección de convencionales de Catriel, el domingo pasado, fue el mejor ejemplo de la capacidad de ser rápido y, sobre todo, furioso, sagaz y violento, muy violento.
La derrota de Juntos Somos Río Negro en Catriel es indiscutible. Ganó, pero perdió. La elección de intendente hace menos de dos años le significó al ganador alzarse con más del 70 por ciento de los votos. Ahora, apenas cosechó el 35 y quedó lejísimo de obtener la mayoría de convencionales, requisito básico que había impuesto Don Alberto. ¿Falló el gurú de las encuestas?
La reacción posterior al cierre del comicio es de película, propia de un sector enajenado y de alguien a punto de perder el equilibrio. 
La violencia del discurso de Matías Rulli, Facundo López (el bonaerense) y hasta el siempre medido Alejandro Palmieri, permiten avizorar que algo no está bien en el entorno de Don Alberto. 
Todo lo escuchado se contrapone con la estrategia “zen” que esta semana impuso Pedro Pesatti a su discurso. Mientras aquellos profundizaron diferencias, agrandaron la grieta y mostraron lo peor de la política, el viedmense se encargó de diferenciarse. Entre muchas consideraciones sobre lo distinto, dijo: “Juntos no forma parte de la grieta, no le interesa estar en la grieta, y quienes sí pertenecen, son dos caras de una moneda que nada tiene que ver con la provincia. Debemos ponerle una barrera a esa forma alocada de entender la política”, amplió el titular del Parlamento. Tiro directo al corazón de los gerentes de la Cadena de la Felicidad.
Está tan alienado el Gobierno, que desde el mismo lunes empezaron los cuestionamientos a quienes gerencian la cadena de la felicidad. El primero en sufrir los embates fue Facundo Manuel López, después Luis Di Giácomo y, por último, el menos importante del trío, Matías Rulli. 
A los tres le adjudican el triunfo con sabor a derrota de Catriel. Fueron los ideólogos, artífices y tuvieron a su cargo el millonario financiamiento de la campaña en la ciudad petrolera sin el resultado esperado. Perder más de la mitad de los votos en el pueblo más beneficiado de los últimos años, es un síntoma que Don Alberto no quería tener. En Casa de Gobierno, a pesar de las rápidas y agresivas declaraciones que se hicieron, se vivió lo ocurrido como una verdadera tragedia. Algunos, fuera de sí, volvieron a la teoría de que es mejor no presentarse en octubre.
 La Cadena de la Felicidad empieza a tener grietas que Don Alberto observa con atención. Intuye que la era de dar plata porque sí se terminó, en realidad se quedó sin caja. A partir de ello, entiende que los que aparecían como hábiles y geniales operadores ya no lo son tanto y que sólo poseían el beneficio de la caja. 
El más afectado por la situación es el productor de soja, el más querible y simpático de los gerentes. 
¿Y los sueldos?
Mientras el devenir electoral se desanda, está pendiente la cuestión salarial de los estatales rionegrinos. Se llegó a mediados de abril y ninguna paritaria está cerrada. Don Alberto, incrédulo como pocas veces, creyó que con unos pesos a cuenta se sacaba el problema de encima y, en realidad, lo potenció. 
Estado de situación:
Unter: los docentes están desconcertados. Este lunes se realizará una nueva paritaria y no hay demasiadas esperanzas de una mejora. Al día siguiente, los dirigentes deberán enfrentar al Congreso para que resuelva sobre una oferta que estará lejísimo de la  inflación prevista para el año y mucho más de la pretendida recuperación de lo perdido.
UPCN: Juan Carlos Scalesi se reunirá con el Gobierno y sus representantes repetirán que no hay mucho más que lo ya ofrecido. La aspiración mínima del 26% quedará lejos y, entonces, puede modificarse el discurso conciliador que hubo hasta ahora. Scalesi, especialista en leer los momentos, sabe que el Gobierno no tiene la fortaleza que supo tener.
Sitrajur: los combativos dirigentes del gremio judicial están desesperados por aceptar el 21% ofrecido por el STJ. Tienen tanta culpa por los salarios que cobran que no dudarían en firmar ya. Quedan lejos de la pretensión, también de la inflación pero con la excusa de acortar los plazos están dispuesto a “sacrificar” algunos puntos.
Policías: en estado de indefensión absoluta. No tienen representación gremial y ni siquiera el nuevo/viejo Jefe les garantiza pelea por el salario. La precariedad en los ingresos se suma a las espantosas condiciones laborales que a nadie le preocupan. Cada día el descontento crece dentro de la fuerza pero no tienen los canales de discusión que requiere la situación.
Legislativos: Pesatti fue taxativo y no dio margen para la discusión: lo que decida el Ejecutivo. Como si no tuviese autarquía presupuestaria. 
Ahora, el Plan Castello
Es el debate que instalará Don Alberto en las próximas horas ya que teme no contar con las mayorías necesarias. Las promesas se multiplicarán y las obras serán más de las que se puedan financiar.
Hay que definir lo más rápido posible, dice el gerente general de la Cadena de la Felicidad, y agrega: no podemos darle margen de maniobra al peronismo que puede encandilarse con el discurso de Martín Soria, el enemigo.
Desde esta columna ya hemos dicho que estamos en presencia de un verdadero dislate. Los fondos son de tal magnitud que es imposible que una Provincia que apenas puede pagar los sueldos, se embarque en semejante endeudamiento. Además, la precariedad de lo elevado a la Legislatura no es garantía de nada por más que los intendentes sueñen con espejitos de colores. 
Los fondos petroleros fueron un ejemplo acabado de que a este gobierno no se le puede dar recursos para que haga lo que quiera. No es posible que los que mal administraron más de 1.500 millones de pesos, de repente, lo hagan bien. 
Hay una frase que esta semana dejó flotanto el prolijo Alejandro Palmieri y tiene razón: “se le hace mal a la política cuando se miente y se miente”.
 
 
Modificado por última vez enLunes, 17 Abril 2017 10:18